Cuentan en el pueblo de Mieza de la Ribera (Salamanca) que cierto día los franciscanos del Convento de Santa Marina de la Verde recibieron una visita de tres frailes pertenecientes a dicha comunidad. Éstos cumpliendo una penitencia impuesta por el superior del convento comenzaron a subir los altos del Reventón dentro del término de Mieza. Agotados por el esfuerzo realizado haciendo caso omiso de la penitencia impuesta por el superior y atendiendo más a sus necesidades, se sentaron en una roca a descansar. En el mismo instante en el que asentaron sus traseros sobre la roca se empezó a oír la Salve que entonaban los franciscanos desde el convento. Parece ser que la Salve inundaba todos aquellos parajes, sumiendo en trance a los tres frailes despreocupados. De esa manera, permanecieron un tiempo, recobrando al cabo de un rato la plena conciencia, creyendo que tan solo habían transcurrido unas horas. Sin embargo, regresaron al convento, mas no encontraron a nadie, solo a un hombre que se encontraba trabajando en la huerta. Los tres frailes extrañados de la ausencia de los religiosos, se acercaron al hortelano y le preguntaron por el paradero de sus compañeros franciscanos. El hombre sorprendido por aquella pregunta, se quedo totalmente perplejo, pues no entendía si le estaban gastando una broma de mal gusto, ya que todos los vecinos del lugar y los entornos sabían que la comunidad de religiosos había desaparecido y el convento había sido abandonado hace ya bastantes años. Según parece, los tres frailes habían entrado en éxtasis durante varios años escuchando la Salve; tanto había sido el tiempo que aquellos habían permanecido sentados que la peña del Reventón donde se sentaron a descansar quedaron marcadas la huellas de sus posaderas.Desde entonces, la peña donde, según la leyenda estuvieron sentados los frailes penitentes se llama la Peña de los Tres Culos. Además de este nombre también recibe estas otras denominaciones: La Peña de los Cinco Culos o Peña de la Salve. En dicha peña situada cerca de La Code, dejando a la derecha los altos del Reventón se pueden observar tres marcas, que se supone que son las huellas que quedaron por haber pasado tanto años allí sentados.
Fuente: Grande Del Brío, Ramon. Historia de Mieza. 2005. (34)
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