sábado, 29 de junio de 2013

CONVENTO DE SANTA MARINA DE LA VERDE

   Según cuenta la tradición, en tiempos de la dominación musulmana, vivía con sus padres en el pueblo de Las Uces (Salamanca) una joven cristiana de gran hermosura llamada Marina. Al parecer era una familia muy humilde, labradores del campo, que según transcurrian los días sus penurias y carencias se veían incrementadas por el constante pago que debían hacer a los musulmanes. Cuenta la leyenda como cierto día mientras Marina se encontraba en el campo cuidando del rebaño familiar, apareció a lomos de un enorme caballo blanco un  jeque árabe muy galán y arrogante. Éste al ver a la jovencita y guapa muchacha se quedó prendado de su hermosura, y, desde ese mismo momento, se propuso conquistarla. Por el contrario, como veía que Marina no cedía el afecto que el esperaba decidió obtenerla a la fuerza. La situación para la joven zagala se volvía turbia por momentos; y al verse Marina en peligro, miró al cielo y, con voz firme y segura, invocó a la Virgen María para que la auxiliase ya que ansiaba librarse de aquel caballero que no deseaba. La Virgen Maria al escuchar sus plegarias bajó del Cielo y la llenó de valor y fuerza, de un valor imperecedero y de una fuerza incansable. Consiguió así  escapar velozmente de aquel hombre. Sin embargo, aunque la marcha de Marina era más que veloz y ligera, el hombre a caballo emperrado en obtenerla y hacerla suya, la perseguía incansablemente montado en su fiel rocín. La huida continuaba, y la persecución no cesaba para desgracia de la pobre chiquilla; la carrerea parecía que no llegaba  a su fin. Al llegar a la oscura y profunda  cuenca del Duero, el río como sabemos actúa de divisoria  de aguas entre España y Portugal, por lo que el pasó  le quedó cortado, y como si en un callejón sin salida se encontrase, tuvo que detenerse mas a su pesar. Apoyada en un roca de grandes dimensiones, aunque cargada de valor, ya cansada, sofocada,  aterrada y  temerosa, viendo que al jinete  musulmán no le quedaban muchos metros para que la alcanzase, se aferró fuerte a la roca e  invocó nuevamente a la Virgen Maria. En esta ocasión este fue su ruego: ¡Ábrete peña sagrada, que viene Marina cansada!. En ese mismo instante, la peña en la que se encontraba apoyada se abrió y pudo introducirse en el hueco que se había formado dentro de ella. De esta manera, logró proteger su vida ante el peligro inminente logrando dejar su honestidad y pureza a salvo.Relata la leyenda que dentro de esa misma roca murió Marina; sin embargo, comentan los lugareños que su cuerpo no fue hallado hasta pasados unos cuantos años. Al parecer unos nobles que andaban por aquella zona de cacería se dieron cuenta de la presencia del cuerpo, ya que los perros al arrimarse a la roca nombrada empezaron a ladran. Y así fue como la localizaron;  pensando los cazadores que iban a encontrar alguna presa ahí encerrada, cual no sería su  sorpresa al encontrar allí a la difunta  Marina. Antes de sacarla de  entre aquellas rocas creyeron conveniente avisar al pueblo, el cual al saber la trágica noticia acudió masivamente al encuentro para sacar los restos y llevarlos al pueblo para poderles dar Santa Sepultura. Sin embargo, aunque consiguieron sacarla y emprender la marcha, una vez llegado a la zona conocida como El Manzanedo no pudieron seguir avanzando ya que la urna se hacia tan pesada, que era más que imposible moverla de aquel lugar.  Visto lo visto, entendieron que aquel suceso era una señal del Cielo Divino, y cedieron el forcejeo por retirarla del sitio. En ese momento debido a los hechos sucedidos, considerándola Santa, comenzó la construcción de una ermita en su honor. Desde entonces el lugar conocido como El Manzanedo, por la abundancia de manzanas que se podían encontrar en los alrededores, también empezó a llamarse Santa Marina.Pasaron los años y la pequeña ermita, sin embargo, se veía amenazada por el paso del tiempo. Por ello, Los Condes de Ledesma, a cuyos territorios pertenecía el lugar por aquel entonces, se ofrecieron a repararla y ampliarla. Para ello, estos Condes estimaron como buena medida donar ciertos terrenos a una Orden Franciscana. El Papa Nicolás V para las personas que proporcionaban donativos para arregrar la ermita y ayudar en su reparación concedió gracias e indulgencias. Parece ser que fueron tantas los donativos recibidos y las ayudas que prestaron los vecinos, que además de arreglar y salvaguardar a la capilla de las ruinas, hubo dinero suficiente para construir el Convento de la Verde a la vera de esta. Las obras comenzaron en 1445. Decidieron darle el nombre de El Convento de Nuestra Señora de Manzano. Pero después de la canonización de Marina en 1455 por el Papa Calixto III fue  cuando recibió el actual nombre: El Convento de Santa Marina de la Verde. El pequeño convento en un primer momento albergaba a tan solo unos pocos franciscanos, pero según iban transcurriendo los años fueron siendo más los religiosos que allí residían. Finalmente, debido a la desamortización de Mendizábal el Convento de Santa Marina de la Verde  fue abandonado.
Fuente: Martín Mata, Luis. Historia de Aldeadávila de la Ribera.1987. (23-27) óhttp://www.aldeadavila.com/convento-de-santa-marina-de-la-verde-2.html

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