sábado, 18 de enero de 2014

Finalizando la carta…

Mira a ver si esas personas mayores como yo y más mayores te pueden contar, ya que hay muchos casos curiosos. Por ejemplo, que te cuenten bien cómo se toca a fuego en La Zarza. En una ocasión el monaguillo del pueblo junto con otros niños, tocaban a muerto, din-dan, y mientras el pueblo acompañaba al entierro de un vecino, se originó un fuego. El tío Manuel el Herrero se fue a decirle que tocaran a fuego, pero como tenían la puerta candada para que no subieran otros niños, el hombre no podía subir. Entonces desde abajo les empezó a decir que tocaran a fuego. Sin embargo, los muchachos contestaron que ellos no sabían. Entonces él les dijo: “Cambiar de toque”. Así lo hicieron y rápido el pueblo entero dejo al muerto y se vinieron para apagar el fuego. Me quedan muchas cosas que decirte, pero por este momento las dejo, de todas maneras, como me quedan muchas hojas en el cuaderno, a ver si poco a poco voy escribiendo alguna y para cuando vengas a comer el hornazo, si estoy en el mundo te las mando. Pregunta dónde se encuentra la Cruz que había en la trinchera, señal de un hombre que mataron. Te saluda X

jueves, 16 de enero de 2014

Recordando a mi abuelo (Anselmo Hernández García)

Empezaban las vacaciones. Era la primera semana de agosto. Todo estaba seco y amarillo. Seguía haciendo mucho calor. Y después de tantas horas de viaje allí llegamos nosotros. A lo lejos ...podía distinguir mi casa. Una casa con su fachada de piedra y su chimenea, que perteneció a mi tatarabuela. Los vecinos empezaban a salir de los rincones. Todos con el sombrero de paja y la labor entre sus manos: - ¡Cuánto has crecido! La hora de la comida estaba al principio muy silenciosa; alguna mosca que otra revoloteando por las cabezas. De repente, al abuelo se le escapaban sus bromitas; eso indicaba que ya estaba a medio terminar de comer. - Si un gallo pone un huevo y al día siguiente otro. ¿Cuántos huevos pone? Inocente y segura de la respuesta contestaba que dos. Se hacía el silencio y empezaban las risitas, el barullo. Ahora era ya cuando se terminaba de comer. Mientras los demás recogían la mesa, mi abuelo se quedaba bromeando conmigo. Pasadas las horas de la siesta el pueblo volvía a despertar. Se volvía a oír el barullo de la gente, de los carros, de la campana de la iglesia… En ese momento en la casa cogían la caldereta para los cerdos, las sobras de la comida para los gatos de corral y la cesta vacía de los huevos para que luego volviese llena. Finalmente, al burro le ponían las alforjas. Y ya quedaba todo preparado para una nueva marcha. Después de un paso tranquilo llegábamos al corral. Ahora era cuando mi abuelo se disponía a despachar a los cerdos y de paso yo revolvía el gallinero. Unas veces llenaba el bebedero; otras veces, salía al cañizo para recoger moras del camino. Incluso, hasta hacía recetas de cocina que las gallinas comían gustosamente. Lo malo era cuando mi abuelo veía el desbarajuste que había preparado: sacos rotos, trigo por el suelo… La tarde de color anaranjado se echaba encima. Seguían cayendo las horas, los minutos, los segundos… Todos los señores del campo regresaban a sus casas después de un largo día de trabajo. Aparecía la primera estrella de la noche en el cielo. Aún salían algunos vecinos de sus corrales. Se unían a nosotros. Todos juntos marcando el paso rumbo a casa siempre acababan saliendo historietas del pueblo y sus alrededores. Por fin la llegada a casa. Esta vez a la hora de cenar no había que esperar el silencio del mediodía. Después salíamos al fresco haciendo un gran corro con las sillas. Entre los vecinos que ahí nos reuníamos poco a poco iban saliendo historias que habían sucedido en el pueblo. La noche llegaba a su fin. - ¡Hasta mañana, si Dios, quiere! ¡Que descanses!

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Lanchal de Cacho Cardenales

Continúo con la carta…
En un lanchal (lanchar) en el Cacho Cardenales hay un hombre enterrado de Saldeana. El hombre andaba a “barceas” y como son tan malas de arrancar se cayó para atrás y se mató. Cuando lo encontraron ya estaba el cuerpo descompuesto y le rodaron unas peñas encima y allí quedó. Los de la Zarza quisieron poner una cruz muy grande que había en el cementerio hace unos años. Pero, al final, no quisieron, porque decían que después les daba miedo a los muchachos y no querrían volver por allí.

lunes, 2 de diciembre de 2013

¿Lanchal o lanchar?

Aunque en la RAE aparece “lanchar”, en la Zarza se oye “lanchal” (ejemplo: Lanchal de Sto. Domingo).

RAE
Lanchar: Cantera de donde se sacan lanchas1.
Lancha: Piedra más bien grande, naturalmente lisa, plana y de poco grueso.

domingo, 1 de diciembre de 2013

La muchacha

Sigue la carta…

Otra cosa, la chica que la comieron los lobos, donde murió la muchacha, se arrimó allí a la pared, agotadita. Y según el medico de Mieza estaba comidita de lombrices.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Otra versión de la señora del lobo

      Así empieza la carta: Para Isabel, hija de Melquiades y de Celia...

Otra versión es la señora del lobo, ésta se la oí a mi padre varias veces.
La señora estaba soltera. Un día fue a llevar la merienda o cena al pastor y se le hizo de noche, y en La Laguna Nueva le salió el lobo, y en ese momento creyó que era su novio que venía con dos faroles, que resulta eran los ojos del lobo, que dicen que de noche le brillan mucho. Y ella le decía, “pensaba que me ibas a meter miedo”, pero cuando vio que era el lobo, si que le entró de verdad, todo el camino le fue persiguiendo (yo no sé si la tiraría de las sayas e intentaría caerla, ya que si hubieran sido más lobos, lo habrían logrado) y al llegar al cotorro, le salió un perrito que venia al encuentro ladrando y vio luces y ya la dejó y escapó.

Según contaba mi padre debió vivir en esas casas que había donde está el deposito del agua, cosa que yo no me acuerdo, pero que coincide como contaba mi padre. A la chica le quedaron ataques como llamaban entonces, pero su novio igual se casó con ella. Traía la saya quemada porque en varias ocasiones se caía para la lumbre, aunque no la dejarían mucho sola. […]

Creo que una versión tan completa no te la ha dado nadie

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Dos cartas

Ya han pasado unos cuantos meses desde que dejamos atrás agosto. Y desde entonces guardo con mucho cariño dos cartas. Una de ellas la recibí a principios del mes, y la otra a finales. En ellas me agradecen el haber recogido los relatos del pueblo.

Me pidieron que, por favor, mantuviese sus nombres en el anonimato. Y eso voy a hacer. Sin embargo, en una de las cartas me dieron a conocer nuevas historias, que me gustaría compartir con todos vosotros. Siempre hay algo nuevo que contar o que corregir.

Espero que os gusten.